Dubái ha llegado a la misma conclusión que Rusia. Para proteger su petróleo de los drones hay algo mejor que misiles: jaulas gigantes (opens in new tab)
En la Segunda Guerra Mundial, los británicos descubrieron algo desconcertante al analizar los bombardeos alemanes sobre sus ciudades industriales: muchas veces no hacía falta destruir completamente una refinería o una fábrica para paralizarla durante semanas. Bastaba con golpear unos pocos puntos vulnerables para provocar incendios, interrupciones y un efecto económico desproporcionado. Ocho décadas después, esa misma lógica vuelve a dominar otra guerra, solo que ahora el arma que intenta enc...
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